Entrenar la visión

Uno de los poderes que maneja un chamán es el de la visión. El chamán ve más allá, ok, ¿pero más allá de qué, qué es lo que ve? La respuesta es tan amplia que hay que abordarla de a poco. Según dicen los chamanes que ya ven, la visión es algo así como el nivel de consciencia y el español Miguel Valls, gran mago, lo explica muy bien: según él, en un nivel de consciencia puedo decir que los Apus (espíritus de las montañas, los ángeles del mundo andino) no existen, que eso es una locura. En otro nivel de consciencia, quizás diga “sí, a lo mejor existen”, ya admito que es una posibilidad. En el nivel siguiente creo en ellos, e incluso les pido cosas, les hablo o les prendo una velita. En un nivel más, los veo y en otro puedo incluso hacer que los vean otras personas. Esto no quiere decir que un nivel de consciencia sea superior a otro; simplemente son diferentes estados o momentos del camino y lo importante, siempre, es estar en el camino (que es el del Corazón, claro!).

En fin, esto de la visión pasa con muchas cosas, por ejemplo, con el animal de poder, las plantas sagradas (como la ayahuasca, wachuma -San Pedro-, peyote y otras) y con lo que la gente llama “señales”. Hace unos años fui a Torres del Paine, el Parque Nacional ubicado en la Patagonia chilena. Es un lugar increíble y bastante inaccesible y eso le aporta aún mayor encanto, porque para llegar hay que hacer toda una travesía. Además, el clima del sur es bastante hostil y eso provoca cortes de camino, suspensión de excursiones y que la visibilidad sea incluso nula; así me tocó a mí… Iba en el marco de un viaje de trabajo, sólo por dos días, y la tormenta no paraba. Llegamos al parque y no pudimos navegar a ver un glaciar como habíamos planeado, ni hacer un trekking. Apenas caminamos por una playa gris intentando sin éxito cobijarnos del viento.
En la cena me puse a conversar con una señora de contextura pequeña y pelo blanco, cortito; era guía de viajes. Le pregunté cómo manejaba el tema del clima con los viajeros y me confesó que tenía que lidiar muchas veces con la frustración de aquellos que llegaban de vacaciones con un plan en la cabeza que se veía colapsado. Así somos los humanos: pagamos el viaje, son Nuestros días de vacaciones y queremos que pase lo que decía el folleto… que haya animales, sol, y que obviamente se vean las Torres del Paine, pero por suerte, la Naturaleza no se puede programar. Antes de terminar la charla me miró con los ojos brillantes y me dijo sonriendo:

-Cada uno ve lo que está preparado para ver.

Me quedé meditando mucho sobre eso. Me pareció hermoso, pero también me dio miedo. ¿Y si no estaba preparada para ver? ¿Quién dice quién está preparado y quién no? ¿Por qué no habría de estar preparada para ver ciertas cosas? De más está decir que me dormí sin saber las respuestas.
A la mañana siguiente después del desayuno debíamos partir. El tiempo seguía siendo malo así que subí al micro con mi libro en la mano. Recuerdo que estaba con La danza de la realidad, de Alejandro Jodorowsky, y me daba como culpa leer en un contexto tan majestuoso, pero a esta altura de la lluvia ni siquiera se veía por la ventana. Emprendimos camino para salir del parque y de repente pasó: salió el sol y se iluminó todo. Paramos para ver las Torres del Paine que asomaban entre estertores de nubes y creo fue más emocionante de lo que hubiera sido verlas apenas al llegar. De todos modos seguimos camino casi de inmediato, porque en el sur chileno las distancias son muy largas y hay que calcular bien los tiempos, pero más adelante el universo nos hizo otro regalo, ¡dos cóndores! No sé si saben ustedes lo difícil que es ver cóndores y lo majestuosos que son, pero yo había estado en varias oportunidades específicamente en miradores de cóndores y a duras penas alcancé a ver un par a lo lejos sobrevolando. Esta vez no solo aparecieron, sino que bajaron a tierra firme para alimentarse de la carroña de lo que me pareció a lo lejos una liebre. Por supuesto me acordé de la guía y pensé en que uno sí se puede preparar para ver, aprendiendo a manejar la frustración, vibrando en positivo para atraer claridad, controlando el enojo si algo no sale como esperábamos, confiando en lo que viene: si se está preparado para ver lo decide uno.

Lo mismo pasa en el universo chamánico, ningún poder (y la palabra lo dice, es lo que se puede hacer) llega sin haber hecho un proceso primero; hay que mirar para adentro, romper viejas estructuras mentales y cambiar de parámetros lo posible e imposible. Pasa en la vida cotidiana. Un ejemplo muy común es cuando hay una infidelidad evidente para todos dentro de una pareja pero no sale a la luz y los demás opinan “es que no quiere ver”. Y está bien, no es malo, el cuerpo es sabio y sabe cuándo activar métodos de autodefensa y cuándo es el momento de ir un poco más allá. Lo que sí está bueno hacer para ser un chamán moderno es alimentar la fuerza, templarse y volverse receptivo, para que el momento de ver y los niveles de visión lleguen pronto; valga la redundancia: prepararse para estar preparado.

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