“La mayor tarea que tengo que desempeñar es estar bien, porque yo soy la máquina”

La cocinera Sofía Vega cuenta a Chamana Moderna cuál es la importancia de alimentarse, derriba mitos y nos resuelve dudas prácticas para saber cómo empezar, qué comprar y cómo vivir de manera más sana se esté en la naturaleza o la ciudad.

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“Está todo íntimamente relacionado. La alimentación, el bienestar, la liberación de las viejas creencias. El empoderamiento de la propia vida”, dice Sofía Vega en su facebook Cocinar es divertido, y su vida da prueba de esto. Trabaja en un restaurante vegetariano, da clases particulares de alimentación sana en donde se pasa de la teoría a la práctica y la degustación en minutos, escribe con una gracia admirable, dibuja, va y viene por ahí en bicicleta. Cuando asegura “me dedico a lo que me gusta” no sólo habla de su trabajo. Pero no siempre fue así y eso es lo interesante, el cambio que hizo ella está al alcance de todos.

¿Cómo comías hace diez años?
Tengo 27, así que hace diez años vivía con mi mamá y comía lo que ella me preparaba. Mucha tarta, de choclo enlatado por ejemplo, y lo que había en la casa; preparaciones rápidas. Si bien me crié en una casa en donde se cocinaba nada era muy sano que digamos.

¿Cuándo empezaste a poner el foco en la alimentación?
Fue a los quince años; iba a comer pollo, le vi una pluma y no pude comer, me empezó a dar asco la carne, fue un sentimiento desde adentro y decidí dejarla. Yo hacía natación y de repente no tenía fuerzas para nadar. Y es que claro, vegetariana, ¿qué te dan? soja, queso, tomate, lechuga, pan. Mi comida era esa todo el tiempo (risas). La entrenadora me miraba, me decía “¡nadá!” y yo le respondía “¡no tengo fuerza!”. Obvio, porque era vegetariana pero no comía. Eso duró un año, hasta que no aguanté más y me comí una hamburguesa. Cuando me mudé sola empezó mi amor por la comida. Me acuerdo de mirar a Juliana López May en el canal Gourmet; la amaba porque fue a la primera que vi cocinar con flores y empecé a cocinar como ella. ¡Hice una torta que tenía un kilo de harina de algarroba y estuve mal del hígado dos semanas tomando carqueja! No cocinaba carne, me daba asco, así que comía en la casa de los demás, ser vegetariana fue un cambio que vino después con la necesidad de estar mejor. La comida tiene una relación directa con la necesidad de una elevación -para mí, esto es lo que yo pienso-, de estar más liviano. Una comida liviana es una cabeza más liviana, y una cabeza más liviana piensa mejor y necesita libertad, así es para mí el círculo de las cosas. Más o menos a los 23 empecé a meditar y de repente una reunión en vez de ser de alcohol y porquerías era de cocinar cosas muy ricas y tomar jugos; vi que la vida podía ser de otra forma y me emocioné mucho.

Viviste en Capilla del Monte, Córdoba, ¿tu experiencia allí tuvo que ver con la cocina?
Ir a vivir a Córdoba surgió de la necesidad de experimentar la realidad, de encontrar lo más puro. Ya no comía animales, estaba ayudando a hacer casas de bioconstrucción y unos chicos me contaron que estaban yendo a las clases de cocina de la higienista María Elena Miura, que eran gratis, sólo tenías que llevar un alimento orgánico. Yo no me animaba a ir, me daba vergüenza y un día soñé con ella, me decía que vaya. Me levanté, y si la clase empezaba a las 11 yo fui a las 12.30 y no llevé nada. Ahí estaba María Elena en su casa hermosa, armó una mesa de piedra en el jardín para cocinar e iba caminando explicando de un lado al otro. Charlé con ella, le conté la necesidad que tenía de entender la alimentación desde otro punto de vista y me dijo “¿querés ser pasante? empezás mañana”. Al otro día empecé a estudiar con esta hermosa señora cocina, alimentación y todo lo que te puedas imaginar. Desde llegar a su casa, que me esté esperando con una máscara de algas y todos tuviéramos una máscara -el jardinero, el verdulero, yo, ella y todas las personas que pisaban su puerta-, hasta poner los pies en agua con sal porque ahí se concentra la energía del cuerpo y por ahí se limpia. Y bueno, así empezó mi camino más profundo con la alimentación, con ella.

Después volviste a la Ciudad de Buenos Aires, ¿creés que se puede llevar una vida sana en una ciudad?
Un lugar como Capilla del Monte es el paraíso. Por ejemplo, las lámparas de sal son tan famosas porque transforman los iones negativos en positivos y en las cascadas hay miles de iones positivos, el aire que corre por ahí ya es distinto. El monje está cómodo en la montaña, pero en la ciudad también está bueno que esté, pasan otras muchas cosas interesantes que allá no, uno se descubre y tiene que encontrar la forma de estar bien en todos lados. Yo no trabajo todos los días, encontré ciertas formas de llevar adelante el tipo de vida que necesito para estar equilibrada y sana, sino me vuelvo loca, imaginate trabajar seis días por semana 8 horas, tomarme el colectivo todos los días, ¡me muero!

Hay mucha gente que no quiere tener esa vida de trabajo y medio de transporte a hora pico pero no se anima a probar otras formas, ¿qué opinás?
Hay que ir soltando. En lo personal, cuando tomé la decisión de irme a vivir a Capilla sentí que era trucha, que todo lo que había en mi vida era trucho. De repente abrí mi placard, que estaba lleno de ropa, porque en algún momento trabajé en cine, y vi que todo eso era como Ballerinas para limpiar la mesada: lo que tenía más valor en la vida se volvió una Ballerina. Es muy interesante el tema de las cosas. Yo trabajo para conseguir lo que necesito, pero mi libertad, mi tiempo, mi descanso y mi comodidad son mucho más importantes que todo lo demás, sobre todo si no estoy trabajando para mí, si le estoy dando mi tiempo a otra persona.

¿Vivís de una manera muy desapegada o se puede ser libre y a la vez darse gustos?
El desapego es un chamuyo. A mí me gusta tener plata, si veo que el aceite de coco que venden enfrente es el mejor lo voy a comprar y para eso necesito plata. Se puede generar un sistema económico distinto, pero yo vivo en la ciudad y hay un sistema económico con el que me manejo. Para mí lo más importante es estar en un lugar cómodo para desempeñar mi tarea, y la mayor tarea que tengo que desempeñar es estar bien, porque yo soy la máquina. Para eso tengo que vivir en un lugar que me guste, pago mi alquiler, me compro un vestido que me guste cada tanto. La necesidad no va por adquirir cosas, quizás por adquirir conocimiento. La necesidad cambia y es cada vez menor.

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¿Cómo recomendás empezar un cambio de alimentación?
Primero hay que analizar la situación a ver, si hay un exceso, porqué se da. Hay gente que tiene muchos problemas de peso y no es porque sea vago o no quiera hacer gimnasia, es porque tiene ciertos problemas en su casa, porque no puede salir de determinadas situaciones que hacen que tenga ansiedad y acumule peso de forma desfavorable para la salud. Siento que hay que concentrarse realmente en lo que uno necesita, visualizarse cómo te gustaría estar, cómo te gustaría vivir, de qué manera, cómo te gustaría ser, qué deseás, y en relación a eso alivianar los alimentos. Los más livianos son los que están más conectados con la naturaleza porque nacen de la Tierra y crecen de una forma mística, como nosotros. Esas son las cosas más preciosas que podemos consumir, entonces, una forma inmediata es empezar a consumir cosas crudas (sin caer en el extremo de todo crudo, no comer o hacer ayunos locos). Y desayunar liviano; es un mito que el desayuno es la comida más importante del día, es el almuerzo; en el desayuno el cuerpo está alimentando las toxinas de todo lo que ingirió el día anterior y uno lo que tiene que hacer es ayudar al cuerpo a que las elimine. Si tengo el cuerpo en estado de reposo, me levanto y como cosas pesadas como café con leche y tostadas, el cuerpo tiene que empezar a trabajar para digerir eso y tiene doble digestión; lo importante es seguir el ritmo del cuerpo. Y abrir la heladera y la alacena y todo lo que sea procesado tirarlo… enlatados, cajas, no sirve. Tu mejor amigo es la verdulería, entonces vas, comprás, ordenás la cocina, la llenás de frutas y verduras. La alimentación además de ser lo que llevo a mi boca es cómo llega y para la India el mayor lugar de abundancia de la casa es la cocina, tiene que estar limpia, prolija, ¿no es por nada, no?

¿Qué le pasa al cuerpo cuando comés algo crudo a diferencia de algo cocido?
Las cosas crudas tienen enzimas, una persona anciana no tiene, por eso no tiene vitalidad. Las cosas crudas están en estado latente y como somos personas naturales necesitamos consumirlas. Es energía de primera calidad que se digiere automáticamente. El ayurveda, una filosofía milenaria, habla de que lo más importante para estar sano, además de lo emocional es la digestión. No es lo mismo la energía que va a tener una persona si come un guiso de lentejas y papas que una ensalada con semillas; el guiso no se digiere correctamente porque hay una mala combinación de los alimentos; las legumbres no se mezclan, por ejemplo. Quedan atascadas en la panza, eso es pesadez y pesadez es enfermedad. Una ensalada en cambio habla de liviandad, de un cuerpo suave.

Si no se puede comprar orgánico, ¿hay manera de aminorar la cantidad de pesticidas a lo que se compra en la verdulería?
Si uno empieza a meditar para estar bien no se va a ir al mes a la India, que es la meca de la meditación; cada uno a su tiempo, despacito, hay que hacer con lo que se tiene, no existe lo perfecto. Lo primero es sacar las cáscaras. Los verdes se pueden poner en un tupper con vinagre, bicarbonato de sodio y unos chorros de limón, lo dejás en reposo y vas a ver cómo todas las cosas suben solas. Eso lo colás, ponés papel absorbente en un tupper y lo usás como separador de los verdes. Lo guardás en la heladera y te dura una semana. No le sacás todo pero es mejor de lo que hay.

¿Cómo incorporar algas a la alimentación?
Las algas son cool, cuestan un poco más caras y se compran a un precio un poco más bajo en el Barrio Chino o Liniers. La forma más fácil de incorporarlas es espolvorear las ensaladas con algas nori. La mayoría se ponen en remojo y se usan en ensaladas, otras se cocinan y se tienen en la heladera. Empiecen con algo simple y ante la duda, googleen; como dicen los periodistas “por lo menos tres fuentes” (risas).

¿Es un mito que comer sano es más caro?
No tengo una lista de cuánto gastaba antes y ahora. Comer bien te hace feliz y eso radica mucho en el número final de la cuenta. La gente que cambia su vida cuando uno le pregunta “¿cómo hacés?, yo trabajo 500 horas” te dicen “no sé, se dio, se abrieron las puertas”. Hay un dicho: “lánzate y aparecerá la red”, no sé si esto contesta tu pregunta. Por otra parte, el aceite de litro creo que está unos 30 pesos en el súper y lo mismo el de oliva de medio litro, hay una diferencia sustancial entre uno y otro pero qué pasa, cuando empezás a afinar el paladar no necesitás tanto aceite, cambiás la productividad de los alimentos y duran un montón.

¿Qué significa para vos el acto de cocinar?
Es lo más hermoso que me pasó. Como dice un amigo cocinar es un acto sagrado, y además es algo que todas las personas tenemos que hacer porque sino no vivimos, así que es importante. Cómo uno lo hace es lo que cambia la historia. La cocina es la creatividad, la alquimia, la combinación de los alimentos para nutrir el cuerpo y que pueda hacer su misión en la tierra. Me alimento bien para que mi cuerpo pueda hacer las cosas que necesito hacer. Cocinar es hacer con mucho amor algo para alimentar el alma.

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