Yo la tengo

Hace un par de años fui a San Pedro de Atacama a escribir una crónica de viaje para la revista en la que trabajaba. Siempre había deseado ir, como a tantos otros lugares de poder, y no me importaba ni la altura que aceleraba mi corazón ni tener que despertarme a las 4 de la madrugada para llegar antes del amanecer a ver los géiseres con no sé cuántos grados bajo cero. Tampoco tener la nariz seca y agitarme al caminar unos pasos. Estaba donde quería estar, iba a ver flamencos en salinas extensas, valles y uno de los cielos más limpios de todo el mundo.

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Me acuerdo que una noche salí de la habitación del hotel y me puse a mirar el cielo. Se veía la vía láctea, tantas estrellas que era imposible abarcar todo. Volví a entrar para buscar el reproductor de música, salí y puse una canción de Yo La Tengo, You Can Have It All y me quedé mirando hacia arriba. Conscientemente generé un Punto de ancla, que es como agarrar una cajita y guardar algo adentro. “A este momento, a este lugar, me lo voy a llevar en esta canción”. Es algo que hacemos también a nivel inconsciente, con momentos dolorosos incluso, pero la idea es cambiar esos recuerdos por nuevos. Después, los puntos de ancla nos facilitan conectarnos con determinadas energías: cada vez que escucho ese tema de Yo La Tengo siento que puedo lograr cualquier cosa, incluso que me inviten al desierto de Atacama.

Los puntos de ancla representan una herramienta que en el camino de los iniciados usamos para volver rápidamente a un estado cuando lo necesitamos o recordar algo; se pueden simbolizar en gestos, en un dibujo, en una foto que dejamos colgada a la vista, en lo que uno quiera, y usarlos cuando se precise. Ya que es algo que todos sabemos que podemos hacer (¿quién no asocia una canción a un momento o un lugar a una persona que le rompió el corazón?) está bueno empezar a aplicarlo con propósitos que elijamos nosotros; así, por ejemplo, si una canción me recuerda el dolor de cuando alguien me lastimó, puedo darle función a esa experiencia, asumir e integrar que a partir de ahora esa canción es un punto de ancla que me va a remitir a cuando aprendí a valorarme. Lo pueden hacer en un ritual sencillo, incluso, abrir un espacio sagrado, poner la canción en cuestión, bailarla, sentir la música, dejar ir el viejo recuerdo asociado y recibir el nuevo a consciencia (en otra entrada voy a explicar bien cómo hacer esto, para empezar vamos a dedicarnos a generar puntos de ancla nuevos para ir eligiendo qué historias nos contamos de nuestra propia vida).

Los puntos de ancla son muy poderosos y la música ya sabemos… entra por los oídos y por los poros, generando vibraciones en el cuerpo que nos generan diferentes estados y a volar…

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