Sí, quiero

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En plena Riviera Nayarit, México lindo, hay un pueblo llamado Bucerías, en donde conviven habitantes huicholes con canadienses retirados que juegan al hockey al atardecer, artesanías con playa y cumbia con cerveza helada. Y allí se encuentra también el Paseo del Beso, un pasaje con murales y algunas casas de arte que conecta el centro del pueblo con la zona residencial.
Al parecer, hace años el sitio carecía de luz artificial así que muchas parejitas se dejaban caer por ahí para darse unos besos; hoy en día, los que pasan hacen lo mismo sólo que a plena luz. ¿Y para qué les cuento esto? ¡Ajá! Para darles un ejemplo de qué es un mito y cómo uno puede elegir si creer en él o no.

La mente siempre juega; así, al ver el nombre del lugar uno ya se predispone: a sonreír o a sacarse una foto, a darse un beso si se está con alguien o a ponerse triste porque no se tiene con quién. Sea como sea, el solo hecho de que alguien le haya puesto “Paseo del beso” al lugar genera un mito y esto trabaja en nosotros, nos despierta una reacción. Esto no es malo ni bueno, pero sí nos permite comprender que podemos crear nuestros propios mitos también, así de fácil, empezar a alimentarlos y darles función. Se puede desde armar un altar en casa hasta tener mitos secretos que nos permitan conectarnos con algo (elementos sutiles, una fuerza determinada, un sentimiento) o bien elegir qué mitos preferimos de los ya existentes para usarlos (en el mejor sentido de la palabra) a consciencia y que no sea al revés y los mitos nos usen a nosotros. Es una manera de dirigir la energía, intencionarla y elegir de qué manera deseamos que nos afecte cada cosa.

Les dejo, entonces, una propuesta de mito para que aplique cada uno en su casa: ponerle nombre a algún rincón o habitación en particular. Así como Bucerías, Guanajuato o Europa tienen sus paseos y callejones del beso, uno puede tener en su casa el rincón de la abundancia, el de meditación, el del fluir y muchos otros. Por ejemplo, si pongo en la cocina un cartelito sobre el agua que fluye o un poema sobre el río, cada vez que vaya a lavar los platos voy a recordar ese concepto/mito y puedo intencionar mientras lavo qué cosas de mi vida quiero que fluyan. O puedo ponerme el rincón del beso en el espejo y cada mañana darme un beso para aumentar mi autoestima y valoración. También pueden hacer un mito que implique participación de los demás, como colgar algo que se vea al entrar en la casa y haga que quien llegue se impregne de una energía determinada.

Repetir cada día un mito genera hábitos en nuestra mente y así se logra que la información que deseamos llegue a las células y a nuestra consciencia, que es cuando se produce la magia. Por eso si durante unos meses todos los días logro sostener una sensación o actitud puedo convertirla en patrón. Las posibilidades son innumerables así que usen la creatividad según qué quieren crear en sus vidas -de paso decoran la casa y la llenan de detalles lindos. Y si alguien tiene ganas, manden fotos o las ideas que aplicaron así las compartimos 🙂

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