Trabajar o compartir

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¿Cómo voy a ganarme la vida? Todos solemos hacernos dicha pregunta cuando llega el momento de, en esta sociedad capitalista, “decidir” la manera en que vamos a generar ingresos para pagar un alquiler, la cuenta del supermercado, la ropa… Así fue que a lo largo de mis años fui cajera de un Easy vistiendo un chaleco rojo que decía “estoy para ayudarle”, atendí un negocio familiar donde era multifunción, tuve un puesto de artesanías en un parque y finalmente comencé mi carrera como periodista.

Como empleada en relación de dependencia tuve una década en la que viví cosas hermosas y también hostiles. Siento gratitud porque mi oficio me permitió conocer lugares de todo el mundo, hacer amigos y conversar con artistas y gente súper interesante. También porque pude manejar relativamente mis horarios y costear atractivos culturales. Sin embargo, siempre me faltaba algo para sentirme libre y plasmar mis mayores deseos. Tardé años en animarme a irme del trabajo y una vez que me atreví a ser free lance lejos de sentirme liberada apareció una nueva traba: comencé a aceptar todo trabajo que me ofrecían por miedo a no generar ingresos suficientes para sostenerme, y así -aunque lo hacía con todo amor y dándole el mayor interés posible- realizaba artículos que me gustaban pero también muchos de temas que yo misma no me hubiese detenido a leer.

Gratitud otra vez, porque ahí apareció el camino de la magia en mi existencia y supe detectar que mi motor era el miedo. Cuando uno logra descubrir “desde dónde” está actuando puede modificar ese punto de origen y así fue que tomé otra decisión: aceptar escribir sólo de cosas que a mí me interesaran. Creé esta página, Chamana Moderna, empecé a dar un taller de poesía y a proponer a los medios notas sobre terapias alternativas, personajes que me inspiraban, arte… Lo hice sola, con apoyo y ofrecimiento de ayuda pero sin que nadie me pagara una obra social o me prestara dinero, sin una casa propia que me diera una base sobre la que empezar, sin extensiones de tarjetas de crédito de otros y sin certezas externas. Y  la energía empezó a bailar… ¿Cómo? ¡No crean que me hice millonaria! Por el contrario: comencé a tener cada vez menos ingresos, pero en contraposición me sentía tan plena y feliz que me entregué a esa incertidumbre de no saber con cuánto dinero contaría al día siguiente. Desde ese vacío se produjo el verdadero cambio. Cuando me animé a sostenerme en ese vacío, cuando logré que no me importara, cuando logré sentir que había dejado de trabajar para compartir lo que amo todo cambió y se abrieron las puertas de la prosperidad. Parece un cuento y lo es; como dice Alan Moore: “El verdadero mago es aquel que se anima a vivir su propia ficción”, sin importar que todo lo externo nos diga que hay crisis, que no se puede, que no se debe, que no tenemos suficiente poder. Siempre está el camino de la víctima y el del guerrero, siempre está el camino que nos dictan y al lado el del corazón.

Así, mi reflexión para este día es que nunca es tarde para animarnos a hacer lo que nos gusta. Nunca es tarde para animarnos a sanar los patrones que no nos permiten dar el paso hacia lo que nuestro corazón desea. Nunca es tarde para compartir con el mundo lo que vinimos a ofrendar. ¡Feliz día!

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